lunes, 29 de marzo de 2010

CYCLADES: reseña



Me gasto un dineral en juegos de tablero. Otros se gastan un dineral en la playestachion tres, otros en paintball, otros en zapatos... No me arrepiento de mis hobbies (ni de mis hobbits). Pero como soy una persona con problemas mentales, sí que suelo arrepentirme de mis compras cinco minutos después de soltar la pasta.

De todos los sitios de robo on-line, yo os recomiendo este. Aunque este tampoco está mal.

Hoy voy ha hablaros de una de mis últimas adquisiciones. Os aseguro que de esta, no me arrepiento lo más mínimo y dudo que me arrepienta en el futuro (he de consultar a Delfos).


Me refiero al inmenso juego de mesa conocido como CYCLADES, diseñado inteligentemente por BRUNO CATHALA y LUDOVIC MAUBLANC, e ilustrado bellamente por el gran MIGUEL COIMBRA. No tengo ni puñetera idea de quien es esta gente, pero su trabajo me ha dejado ojiplático.

En "Cyclades" cada jugador se pone en la piel de un poderoso rey de la Grecia Clásica con la firme intención de conquistar las islas del Mediterráneo. Para ello, deberás desarrollar tu civilzación de paletos sodomitas contando siempre, eso sí, con el beneplácito de los caprichosos dioses del Olimpo.

Un producto de temática peplunoide, mecánicas sencillitas y visualmente llamativo... ¡¡No me puedo creer que lo hayan inventado!!


Las reglas resultan increíblemente sencillas pero permiten gran profundidad a la hora de diseñar estrategias. Además son fáciles de aprender, aplicar y explicar, lo cual siempre se agradece. Pueden jugar desde dos ambiciosos aristócratas hasta cinco aguerridos monarcas, sin perder ni una pizca de emoción en el proceso.

No hay pausas entre los turnos. El juego funciona de forma sorprendentemente fluida, incluso cuando hay muchos elementos sobre el tablero. Y, sin embargo, tus decisiones cuentan.

El juego consiste, básicamente, en ofrecer sacrificios (oro) a uno de los cinco dioses (ZEUS, ATENEA, ARES, POSEIDÓN y APOLO) para así llevar a cabo las acciones relacionadas con sus dominios (construir, llamar a filósofos, hacer la guerra, mover flotas o mejorar tu economía). Es importante realizar los sacrificios correctos a lo largo de los turnos, para estar siempre preparado. Rezar al dios equivocado en un turno crucial de llevará al hades.

El oro de cada jugador se guarda detrás de una vistosa pantallita, lo que añade un interesantísimo factor de "engaño". No se trata de un factor determinante, pero recomendaría que ensayarais vuestra cara de Póker o, en este caso, de Agamenón.


Sólo existen tres elementos aleatorios: la aparición de los monstruos, el orden de los dioses, y el dado de combate. Esto por un lado permite que siempre gane el participante más astuto (no el que tenga mayor fortuna), pero hace que las partidas se asemejen demasiado entre sí.

Os aseguro que no estamos ante una de esas actividades en las que funciona la "suerte del principiante". Si hay alguien experimentado en la mesa, ese alguien os pegará una paliza hercúlea.

Los jugadores también pueden conseguir filósofos y sacerdotes de apariencia graciosa. Los primeros les permiten desarrollar una metrópolis mientras que los segundos restan oro al coste de los sacrificios.


Los bichejos míticos están disponibles para todos y pueden ser contratados por el primer jugador que pague por ellos, obteniendo grandes ventajas en el desarrollo de la epopeya. A mi parecer, uno de los fallos del juego es precisamente, que la aparición de los cinco monstruos principales (MEDUSA, POLIFEMO, QUIRÓN, MINOTAURO y KRAKEN) no es tan significativa como debería.

El arte conceptual de los bichos, además de muy cuidado, recuerda en ocasiones, como no, a las pelis del gran RAY HARRYHAUSEN. Nuevamente, llama la atención el cuidado prestado a las numerosas ilustraciones.

Las miniaturas de plástico resultan tremendamente evocadores y tienen un nivel de detalle suficiente como para que puedan ser pintadas, pero eso sólo si eres tonto del culo y te gusta perder el tiempo pintando miniaturas en lugar de jugando con ellas.


Los jugadores NO pueden ser eliminados y, si utilizan bien el favor de Apolo, siempre pueden recuperarse tras una gran derrota militar. A llorar a tu casa, aquí somos espartanos.

El triunfo final se obtiene cuando uno de los participantes consigue dos metrópolis, bien construyéndolas con tu esfuerzo, bien mediante la sabiduría de tus filósofos o bien robándolas tras una batalla. Las tres formas de victoria permite gran variedad de tácticas posibles... aunque todo el mundo acabará utilizando el camino de las hostias, para que negarlo.

Este sistema permite pocas batallas con nuestros aguerridos soldados griegos, aunque las que habrá serán, verdaderamente, DECISIVAS. El sistema de combate está ideado para que la suerte juegue un papel mínimo, de forma que el ejército más numeroso (o mejor posicionado) siempre tiene las de ganar. Se tira el dado de combate, numerado de 0 a 3 y al resultado obtenido se suma la cantidad de efectivos (con la suma añadida de un monstruo o una fortaleza).


Una partida dura lo que debe durar. De 60 a 120 minutos. Ni más ni menos. Que no es plan de tener ahí el tablero empantando durante semanas... una cosa es disfrutar una noche con un juego y otra casarse con él. Otro punto para los diseñadores.

Los componentes del juego son EXCEPCIONALES. Y eso, importa. Mucho. Exáctamente el mismo juego podría funcionar con cubos de madera y fichas de cartón ligeramente coloreadas. Pero no sería lo mismo. Sientes el mundo helénico en cada pequeño detalle del tablero, en las detalladas figuritas, en los dibujitos de las cartas... por muchos piropos que dedique al sistema, este producto no sería lo mismo sin sus acongojantes valores de producción.

Sólo diré que en la caja vienen cerca de cuarenta guerreros de la antigüedad y otras cuarenta trirremes de plastiquete, con diferenten aspecto según la nación. Nada de cubitos de madera, eso para los fenicios si les hace ilusión.

También quería aclarar que la abundancia de iconos fácilmente reconocibles hace que a uno nunca se olvide de lo que puede hacer. Tampoco existe ninguna dependencia del idioma (bueno sí, griego antiguo).


Hay que admitir que los primeros turnos pueden parecer un poco automáticos y aburridos. Pero en cuanto se caldea el ambiente, la diversión no cesa y el pique está asegurado.

Con la primera partida, ya ha adquirido uno la destreza necesaria para viajar mil veces a este maravilloso mundo mitológico. ¡Invita a tus colegas a una fiesta legendaria! Mucho mejor que el "colon de catán" ese, dónde va a parar.

Asi que, queridos ciudadanos, está ha sido mi humilde opinión. Si deseáis pasar un rato auténticamente HOMÉRICO, vuestro juego es este. "Cyclades": una compra segura. No, no me pagan por la publicidad. Pero deberían.



Fotos robadas vilmente de Board Game Geek. Donde si no.